Humberto J. Caballero Lindner

Acerca del libro

Se estima que el hombre apareció por primera vez en territorio venezolano hace aproximadamente 16.000 años.
Es muy probable que ese homínido prehistórico haya incursionado en nuestra montaña, al menos para beber el agua cristalina de las quebradas. Seguramente, allí se maravilló con la danta, ese animal sagrado que, según el erudito ¨Caimán de Sanare¨ Renato Agagliate, inspirara el término cumanagoto Guariarepano, para referirse a ¨La Danta¨ o ¨Gran Bestia¨. Así, Wariarepano, significaría ¨Lugar de Dantas¨, o ¨Donde abunda la Gran Bestia¨.

El Ávila resguarda una gran sabiduría y está unido de forma indeleble a nuestra cultura. La impronta de los conquistadores, las incursiones de piratas y corsarios legendarios, el tránsito de Humboldt y los artistas viajeros, Manuel Gual y José María España conspirando y refugiándose en sus estribaciones, prefiguran nuestra memoria colectiva.

Francisco de Miranda pudo andar y desandar el ¨Camino a la mar¨ desde Caracas, buscando el regreso a Europa. También trazó sus pasos por estos caminos Simón Bolívar, el Libertador, primero junto a su esposa María Teresa de regreso al viejo continente, y luego en los honores fúnebres, trasladando su cuerpo hacia Caracas en 1842. El ilustre matemático Don Juan Manuel Cagigal dejó su huella, así como Antonio Pacheco sus flores multicolores, entrando a Puerta Caracas al amanecer, los Palmeros de Chacao,  las travesuras del Conde Mestiatti, las  enigmáticas momias del Dr. Knoche,  el arte surrealista en el Jardín de las Piedras, la colonia de inmigrantes canarios en el Galipán del siglo XVIII, las leyendas de tesoros escondidos, el miedo a las supuestas erupciones volcánicas en los tiempos de Páez, el ferrocarril Caracas – La Guaira, el sueño de un observatorio astronómico, el prodigio para construir el hotel Humboldt en solo 6 meses, la tragedia de Vargas, el sueño inconcluso de un túnel desde Altamira a Caraballeda, entre muchos otros recuerdos, se trazan aquí y han ido modelando nuestra personalidad vernácula con el paso del tiempo.

A esto hay que sumar la iniciativa de caminar la montaña, de registrar los caminos, de enaltecer el embeleso y el respeto por la naturaleza. Se incluye un álbum de imágenes satelitales con las rutas a través de la tecnología GPS. En una búsqueda insaciable de introspección, también se aborda la cordillera a través de una visión literaria, con la firme ilusión de enhebrar la idiosincracia en nuestra cultura. Y alborotando el poder de las imágenes con la ironía de la palabra, se intenta incrementar nuestro acervo a través del ¨Diccionario íntimo del Dr. Ávila¨, un bagaje de emociones encontradas, una reinvención de las definiciones, una afirmación de lo que somos, lo que fuimos y lo que aspiramos ser.

Dedicado a mi hijo Humberto Rafael Caballero Hernández,

El mejor amigo que se puede tener en una montaña. Y con admiración plena, a mi maestro, el Padre Pedro Galdos S.J. por ser esa cima que todos deseamos conquistar.

Cualquier comentario puedes escribirme a: drcaballero@gmail.com